Confucio y las capacidades de un gobernante

Por Alice Socorro Peña Maldonado

Para Confucio, las capacidades de un gobernante debe ser producto de un esfuerzo personal frente a las condiciones históricas dadas y en función a las oportunidades que ese ciudadano asume como aprendizajes en función de las necesidades y anhelos de un pueblo. Pueblo que con sus imaginarios culturales y representaciones sociales es orientado por sus lideres a transitar el camino del conocimiento de si mismos, en sus fortalezas y debilidades, en sus aciertos y errores para superarlos desde guías y horizontes que se transforman en utopías realizables y alcanzable cuando un pueblo se ama, se valora, se reconoce, se respeta y confía en si mismo.

Ser gobernante no es producto de un atributo hereditario ni de formulas electorales planificadas desde los centros de poder económico ni político, ni por señalamientos a dedos. Gobernar es una responsabilidad tanto del candidato como de electores. No es producto del azar. Es producto de un pueblo consciente de ser constructor de sus destinos y responsables de las próximas generaciones.

Ser gobernado no es producto de la sumisión y el sometimiento ni de la indefensión ni de la situación histórica deshumanizadora del miedo, del egoísmo y de las necesidades no satisfechas. Cuando un pueblo está sumergido en la pobreza espiritual (degradación moral) y miseria material (búsqueda obsesiva por tener mas que otros) está expuesto a alguna esclavitud y mendicidad. Cuestión aprovechada por el sistema mundo para imponer sus mesías que ofrecen riqueza a cambio de la libertad, que ofrecen igualdad para los que lleguen a ser ricos dentro de la maquinaria competitiva, y a crear fraternidades entre aquellos peces grandes que se han comido a los pequeños. Por tanto, este sistema mundo engendra abismos de pobreza y riqueza extrema demostrando que la carencia o exceso de cosas perpetua y naturaliza, poderes políticos y económicos degradantes y opresores. Este sistema gobierna para el ego social: egoísmo, egolatria y egocentrismo.

Para gobernar no basta la experiencia, necesario es el Espíritu que sostiene la acción de gobierno. Se trata de las guías, que actúan como surcos que se abren para sembrar todos los días, los anhelos en prácticas rituales reales y simbólicas que produzcan nuevos imaginarios de saberes y haceres. Se trata de materializar los anhelos para convertirlos en realidades, así ennoblecer a un pueblo a corto, mediano y largo plazo. Ennoblecimiento como resultado del conocimiento necesario, la alegría a pesar de la austeridad, orientados a cosas superiores y al desarrollo de sus talentos, para el disfrute y goce de su propia bondad, verdad y belleza.

En resumen, gobernar para vivir en armonía, que es la suprema forma de fuerza moral , que hace pueblos sabios y maestros de sus propias experiencias. Gobernar para que todos precisen de la información y comunicación que los hará guerreros de sus propias luchas y batallas pero también sanadores y artesanos de una vida saludable donde los atajos del envilecimiento y los laberintos de la arrogancia ya no presiden la existencia, sino la integridad y coherencia.

liderazgo

 

 

 

 

 

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