Confucio y el liderazgo compartido

Por Alice Socorro Peña Maldonado

Una sociedad que vive bajo la descalificación y desprecio de unos con otros y la sospecha del otro por ser otro y mas si es adversario, donde la desconfianza es el pan de cada día debido al uso constante de las injurias y calumnias, una sociedad donde lo importante es la apariencia y no la coherencia de la palabra verdadera con actos bondadosos, donde se enfatiza en los deseos e impulsos más bajos que crean ambientes sórdidos de destrucción y violencia no tiene otro resultado que la deshumanización de todos y cada uno de nosotros.

Y esta confrontación inútil y peligrosa tiene responsables: los hombres y mujeres que buscan el poder en sí mismo para sus intereses oscuros, olvidando sin más a un pueblo noble pero que ha resultado débil e indefenso para hacerse prevalecer como poder constituyente y consolidar un sistema institucional que abarque los anhelos profundos de todos como la soberanía y respeto como seres autónomos e interdependientes, la justicia y la paz como indicadores, el buen vivir para ser felices, el desarrollo individual y colectivo enmarcado con nuestras capacidades y potenciales, armonía en las relaciones sociales y con la madre tierra. Lo que persiste es el “sálvese quien pueda” para terminar arrasando y saqueando los bienes de los otros y del erario público como bien común. Frente a esto recuerdo un comentario del Maestro Confucio:

«La madera podrida no puede ser tallada; las paredes llenas de estiércol no pueden ser alisadas. ¿Qué utilidad tiene corregirle?»

Igual esa dirigencia política y económica cuya ideología los hace mezquinos y usurpadores del poder del pueblo, no merece ser validada en sus posturas y acciones perturbadoras que obstruyen el poder de los ciudadanos y ciudadanas que lo elige o que confía en ellos.

Necesitamos pensar en “nosotros”, en darnos cuenta que no todo está perdido cuando contamos con una guía, pero que no resulta suficiente si no nos ponemos de acuerdo para actuar con lealtad y virtud de una vez por todas.

Tenemos que aprender de nosotros mismos, de nuestros aciertos y equivocaciones históricas, en todos los terrenos de la vida pública hasta que mostremos que somos mas de lo que estos “lideres” han pensado de nosotros. Para este aprendizaje no nos debemos reducir al saber académico de la especialización sino pensar en forma holística y cíclico el mundo de las cosas y así articular para dar respuestas integrales y plenas; que no deje por fuera los detalles por nuestra superficialidad e inconstancia , pues muchas veces estos tarde o temprano resultan un handicap (Condición o circunstancia que supone una desventaja en relación con otros o dificulta la realización o consecución de algo) que hace zozobrar cualquier buena intención ante las incertidumbres propias cuando nos disponemos a hacer de nuestro país un Patria grande, gracias a sus ciudadanos de primera línea, segunda y tercera línea.

Aquí no hay ciudadanos de segunda ni de tercera. Se trata de crear un liderazgo de primera aunque todos estemos en diversos campos de la vida nacional. El microcosmos como puede ser una pareja, una familia o una comunidad no debe sentirse menos que un macrocosmos como puede ser una organización social, una institucional regional o nacional. Se trata de hombres y mujeres audaces y precavidos a la vez, promotores del talento de si mismo y de otros, que dejemos la ambición y los resentimientos a un lado y nos fortalezcamos con nuestra propia bondad que es principio de la virtud suprema y plenitud de la vida.

Lideres que dejen atrás la adulación, los deseos banales, la excesiva flexibilidad y laxitud, la comparación que crea envidia y competencia malsana, el despotismo y nepotismo, la búsqueda de privilegios y lujos que no hacen mas que abofetear la confianza de los ciudadanos y golpear su esperanza.

Proceder como lideres es entender las palabras de Confucio:

Estando el Maestro en Chen, dijo: «¡Volvamos a nuestro hogar, volvamos a nuestro hogar! Nuestros jóvenes están llenos de ardor y tienen un brillante talento, pero no saben cómo utilizarlo.» (Las Analectas 5, 22)

Es sabernos que tenemos una juventud despierta y más consciente de sí y de la realidad y tenemos que volver a ellos para fundirnos en uno solo y prender el fuego de su ser amoroso y verdadero porque serán ellos quienes producirán el País que anhelamos y queremos para las venideras generaciones, que no queremos que ellos (las futuras generaciones) nos reclamen y nos juzguen por lo que no hicimos porque nos mantuvimos al margen de nuestro propio liderazgo, echándonos la culpa unos con otros.

Se trata entonces, de asumir nuevos aprendizajes, saberes y prácticas y proceder con rectitud, con conocimiento, lealtad y fidelidad a lo mejor de nosotros mismos. Si es verdad que no es fácil determinar que tan bueno o no seamos como lideres desde nuestras propias trincheras de trabajo, si nos resultará difícil si dejamos de ser servidores y generosos con nuestro pueblo que demanda y exige un liderazgo que modele la conducta de todos y asuma el momento histórico que nosotros mismos nos hemos autoconvocado para diseñar y construir los destinos del país.

por-ellos-todo

Anuncios

4 comentarios sobre “Confucio y el liderazgo compartido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s