QUITÉMONOS LAS MÁSCARAS… SI QUEREMOS LA REVOLUCIÓN DE LO HUMANO

¿Dejaremos de arar en el mar?

Por Alice Socorro Peña Maldonado

mascaraLas máscaras desde la perspectiva de este artículo es “el uso del fingimiento o disimulo consciente o inconsciente con que una persona oculta sus intenciones o su manera de ser” en el ámbito político, económico, militar y de grupos que actúan detrás de estos, para su propio beneficio. El uso de estas máscaras no ocurre el lunes y martes de carnaval, sino que pueden ser meses, años y décadas que las personas la carga, las cambia y les hace creer a los demás algo que no son. Máscaras que por lo general muestran lo agradable, lo esperado pero que tarde o temprano estas se caen o se las quitan pues resulta imposible mantenerlas por largos períodos de tiempo. Y quienes se confiaron terminan perturbados y señalándolos como traicioneros, desleales, oportunistas y corruptos.

Observando el mundo político, militar, mediático, religioso y empresarial tanto nacional como internacional encontramos un mundo de enmascarados, donde las apariencias acompañados de falsos discursos y ofertas engañosas, validadas con medias verdades y medias mentiras están al orden del día. Se requiere discernimiento y sabiduría para no dejarnos seducir y embaucar porque pretenden que los demás acepten sumisamente sus incoherencias, inconsistencias y contradicciones como algo natural.

En la historia venezolana muchos personeros del sector público y privado han sido ejemplo de ello. Desde 1998 cuando se dio inicio el proceso bolivariano venezolano hasta en el 2015 hemos visto desfilar personas que en un principio mostraban una cosa y luego se les cayeron sus máscaras donde se revelaron enemigos de un pueblo que les dio la confianza. Si la élite opositora siempre ha actuado por sus propios intereses de clase y ha traicionado el país, es doloroso cuando dentro de nuestras filas se han escondido personas para dañar el proceso libertario y soberano liderado por Hugo Chávez Frías.

Revolucionando desde la concienciación como seres históricos en situación

“Hombre soy, nada humano me es ajeno” (Terencio)

Esta situación de traiciones debe llamarnos la atención y tratarla como un asunto de Estado, como poder constituyente y constituido, para ejercer contraloría social sobre la actuación de los ciudadanos frente al erario público. Y no me refiero solo a funcionarios públicos, sino mafias enquistadas (empresarios y trasnacionales) que han hecho del Estado su negocio personal. Debemos sentarnos a debatir no para señalar y convertirnos en jueces, sabiendo que existen instituciones competentes que deben actuar conforme la Constitución y las leyes. A nosotros nos toca en principio comprender que nos hacemos en la historia vivida, con las personas con quienes nos interrelacionamos e interactuamos, con la información que recibimos, con la interpretación que hacemos de las cosas, las personas y las situaciones y en las decisiones que tomamos. Todo esto nos construye desde dentro y desde afuera.

Vivimos un cambio epocal que nos convoca a procesos revolucionarios de largo alcance pero que de forma y de fondo, es la convocatoria a la revisión exhaustiva como seres históricos con improntas culturales que han degenerado nuestra identidad como parte de un pueblo/tierra y de la originalidad como personas con un quehacer ético/estético insustituible. Los imaginarios de la colonialidad, la dependencia y el neoliberalismo desde una continuidad histórica han llegado hasta nosotros como saberes y prácticas hegemónicas que se permean en nuestras actitudes y comportamientos cotidianos. No siempre somos conscientes de ello por lo que es necesario crear acciones dialógicos y comunitativas deliberadas que permitan la conciencia personal y colectiva de esta situación.

El proceso revolucionario se ve mermado, obstaculizado o negado cuando condiciones y factores culturales, ideológicos, económicos y tecnológicos globales reducen al ser humano en un instrumento manipulable, en una masa moldeable, en un objeto de deseo para degradarlo y desnaturalizarlo de su propia energía amorosa y verdadera y así convertirlo en maquina, en robot y en una simple pieza que se puede controlar y dirigir como esclavo y servilista, reducidos a la mediocridad y comodidad como estilo de vida deseables. ¿Cómo evitar caer en las redes de un sistema capitalista que trabaja afanosamente para lograr en nosotros ese estado deshumanizador, mantenernos dormidos y distraer nuestras conciencias?

Nadie está exento de este entramado y todos hemos vivido una experiencia que nos permita comprender que eso forma parte de la historia que nos ha correspondido vivir, y que necesitamos afrontarlo con capacidad crítica y voluntad sociopolítica. Desde un niño, un joven, un adulto y un anciano somos presa fácil y candidatos de estas redes. Lo que nos debe llevar a la re/flexión permanente de la acción anti-dialógica (Freire, 1972) que busca seducirnos, inducirnos, alienarnos y enajenarnos de nosotros mismos para formar parte de lo que no somos ni seremos.

A mi entender, y mirando los procesos integradores que se vienen dando en el siglo XXI en el sur de América Latina donde los pueblos vienen visibilizando su sentipensar en diversos foros y encuentros y que acompañados por los Estados/gobiernos (que algunos le endosan el nombre de “progresistas”, por la costumbre de vernos desde la geopolítica del conocimiento eurocéntrico) considero que la tarea es desentrañar lo oculto, lo evidente, lo obvio que aún no hemos asumido porque no lo comprendemos, no lo valoramos, no lo aceptamos. Y contaminados por percepciones ajenas a las nuestras, seguimos viéndonos desde la mirada de otros y no de nosotros. Necesario es subvertir esta situación para asumirnos diferentes y no mimetizarnos con quienes quieren que seamos como ellos para hacer de nosotros, un objeto mas, un instrumento de su orden y progreso establecido como lo universalmente válido. Los gobiernos del Sur, los de la integración latinoamericana son gobiernos que trabajan por la revolución de lo humano, bajo la fuerza recreadora de las distintas cosmovisiones indígenas a lo largo y ancho de la Patria Grande.

En un esfuerzo de mostrar esas máscaras que niegan lo que somos, necesario es reconocerlas para liberarnos. Diversos mitos y creencias se han establecido en el sistema y en el mundo de la vida que atrofian las posibilidades de humanizarnos y más bien nos convierte en cómplices y aliados de nuestra propia deshumanización. La ignorancia a esto no nos exculpa de las consecuencias. Y en la historia las excusas (eludir una obligación o disculpar alguna omisión) para externalizarla a otros solo nos llevan a la desnergetización de la voluntad de sentido y del poder para modificarlo. Para explicar estas mascaras consideraré la teoría de la acción anti-dialógica de Paulo Freire que trabaja en su obra “Pedagogía de los oprimidos” donde el opresor inocula sobre los oprimidos su forma alienante y lo deshumaniza y luego los oprimidos asumen como propias conductas que falsean cualquier intento de ponerse en camino de liberación, en camino de revolucionar en lo humano.

A continuación enumero 11 actitudes y comportamientos presentes en el proceso bolivariano y que tenemos que superar:

En primer lugar, cuando no somos autocríticos y nos sentimos inmune de toda palabra que nos señala. Sin embargo, no pensamos dos veces para señalar, para dar juicios severos y condenar al otro; Segundo: el tareísmo, la huida de sí y de los otros enfrascado en la actividad. El trabajo como enajenación de si mismo que le impiden encontrarse consigo mismo. Se tiene miedo en reconocer que podemos hacer las cosas de modo diferente y preferimos los atajos para mostrarnos activos pero sin fuerza espiritual, desgastando las reservas que tarde o temprano nos hace sucumbir indeteniblemente. Creernos imprescindible, no permite que crezcamos todos en responsabilidad o capacidad de respuesta. La cultura del “todero” y dejar que otros representen nuestros intereses; Tercero: Perder la sensibilidad hacia nosotros mismos y los otros, convertirnos en una máquina que hace y produce cosas sin sentido. Cosificarnos e instrumentalizar a otros; Cuarto: vivir calculando beneficios, rentabilidad que den cuenta a mas poder, a más dinero, a mas esclavos y servilistas a su alrededor; Quinto: Hacer ruido y llenar de imágenes para confundir, para distraer, hacer creer a otros que está actuando y no se construye direccionalidad, sentidos y liderazgos. Se abusa de los panfletos, se pone de moda frases y slogans que solo subsisten en la superficialidad y que poco se profundiza para quedar plasmada en una publicación, propaganda y publicidad pagada y de altos costos donde solo queda el sabor de haber arado en el mar y de haber sembrado en el viento; Sexto: olvidar el sentido de la propia acción. De sus motivaciones y anhelos profundos que lo llevaron a iniciar una tarea de cambio y transformación. Se muere en la burocracia, en los procedimientos, en la creación de leyes y formatos para normar todo, olvidando la energía vital que lo llevo a tomar el camino de la revolución para que todos logren alcanzar conciencias de sí y acción liberadora y trasnformadora; Séptimo: el mundo de las apariencias comienza a privar sobre lo esencial. Se apodera el mundo de la imagen de la máscara que hay que ponerse para ser “admirado” pues sabe que ya no tiene nada que ofrecer pues el deseo de la fama, el dinero, el lujo y los excesos, las drogas y las armas son los nuevos vestidos y seguridades que desea tener a su lado. Acumular es la meta. Impresionar es lo que vale. Comienza a ver enemigos por todas partes. Siente miedo de perder lo que cree haber alcanzado. Se separa del pueblo, de su causa; Octavo: Frente a lo anterior comienza la doble vida: la privada y la pública van paralelas, solo que ambas están cargadas de vacío y alienación; Noveno: ¿Qué hacer frente a este laberinto? El rumor, los dimes y diretes, los chismes, las mentiras, los engaños, las calumnias, las difamaciones parecen llenar el hueco existencial que se apodera cuando la energía vital desfallece. Los celos y el desprecio legitima lo que ha dejado atrás: la autenticidad; Décimo: Se apodera la fatalidad y se inicia un proceso de endiosamiento de sí y la fetichización de las cosas que hizo, hace o hará; Y undécimo: el sectarismo, los cuadros que se consideran lideres por antonomasia, los que poseen la verdad y la última palabra. Se unen para protegerse y sentirse poderosos. Prefieren la cantidad para sentirse fuertes frente al otro. Prefieren el mando vertical, las imposiciones. Temen la horizontalidad del poder y por eso evitan que se organice el pueblo de ese modo.

Todas estas actitudes y conductas resultan máscaras y son necesarias concienciarlas individual y colectivamente. La ética colectiva y la moral individual no se riñen y requieren una alineación conforme la conciencia armonizada con la acción. Una afecta a la otra para bien o para mal. Ahora bien en un proceso de concienciación no basta darse cuenta sino acompañarla con acciones a partir del conocimiento necesario que permite trascender la situación antes caracterizada.

Revolucionando desde la concienciación como seres históricos en proyección

Los componentes de la revolución de lo humano pueden ser comprendidos y caracterizados por una espiritualidad que la contiene en esencia y se materializa en las cosas anheladas, sentidas y pensadas por el humano y la humanidad (la palabra humano viene de la raíz humus: tierra fértil y humanidad evoca al hombre -lo masculino- y a la mujer -lo femenino- como seres unidos en la diversidad) inserto en los procesos que reales, simbólicos e imaginarios van a permitir los cambios individuales y colectivos, así como las transformaciones necesarias y pertinentes de un momento dado de la historia y a las cuales nos sentimos convocados. ¿Cómo retornar al humus, a la tierra fértil que somos pero que hemos olvidados por haber sido desleales con nosotros mismos? Se trata de iniciar de nuevo el camino hacia lo mejor de nosotros mismos. Eso se llama retornar a la espiritualidad, retornar a la tierra buena que somos.

Espiritualidad que nace de los imaginarios y de los saberes y prácticas originarias de los pueblos, de la observación y escucha permanente de las críticas, de las deficiencias y contradicciones existentes en los procesos revolucionarios. Pero también de las posibilidades, oportunidades y aciertos que la revolución bolivariana ha fraguado y se han derivado constructos culturales que la hacen irreversibles. Sin embargo, las tensiones y distensiones son parte constitutiva de la misma dinámica revolucionaria.

Dinámica que hace posible la praxis y por ende, la transformación de hombres y mujeres desde la conciencia de sí, del mundo y del otro. Otredad que puede cooperar u oponerse a la construcción histórica de la revolución de lo humano. Y en ese despertar de la conciencia se hace el hombre y la mujer nueva, entendiéndose por ello, el espíritu, la mente, el corazón y la acción en unidad y en armonía para producir cultura y organización como pueblo venezolano y latinoamericano.

A continuación se presenta siete enunciados que permita al lector traer a su mente su propia reflexión del mismo, le acompaña un pensamiento y una breve reflexión. Apelo a la capacidad que tenemos de darle sentido, orientación y significado a las ideas, a las realidades escuchadas y observadas desde los registros esenciales que tenemos los humanos, basada en el sentipensar real (lo que no se puede conceptualizar por su complejidad e incertidumbre pero que intentamos reconstruirlo con las palabras), simbólico (traducción de la información al estadio del signo y significante) e imaginario (lo que se puede representar en imágenes y en palabras de algo que observamos como posible y realizable). En ese momento que nos encontramos con lo real, simbólico e imaginario individual/colectivo producimos nuestras propias reflexiones y pronunciamos el mundo para transformarlo.

MOMENTOS

1. RECORDAR LO QUE SOMOS Y DE DONDE VENIMOS

“Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión, de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche.” Marcelino Menéndez Pelayo

Los pueblos se han preguntado así mismo de donde provienen. Para ello ha construido relatos, mitos y cuentos a partir de sus realidades, simbolismos e imaginarios colectivos. Se trata ahora de su derecho a defender, a preservar y hacerla siempre nueva su identidad originaria.

2. VISIÓN A LARGO PLAZO DESDE LA UTOPÍA ORIGINARIA

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.” (Eduardo Galeano)

Pasado y futuro se encuentra en nuestro presente. No podemos prescindir del tiempo histórico que nos hizo y nos hará. Y es en el momento actual, en el aquí y ahora donde nos hacemos a si mismos. Es lo único real que tenemos para construir y generar vida.

3. REBELDÍA Y RESISTENCIAS A LA DESHUMANIZACIÓN

¡Solo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes ni nadie se rinde y esta tierra es nuestra! (Cacique Guaicaipuro)

Debemos educarnos para templar el alma frente a las vicisitudes y obstáculos que se nos presenta. No se trata de desarrollar habilidades y destrezas en materia de defensa y ofensiva. Se trata de cultivar la conciencia de nosotros mismos, de nuestras posturas frente al otro que nos desafía y confronta. Estamos en tiempos para reconocernos y no culpabilizar sino para asumir desde las raíces culturales y producir potencia humanizadora que subvierta aquella que nos quiere alienan y enajenar para controlarnos y mantenernos sumisos, paralizados y resignados.

4. LIBERTAD PARA ELEGIR LO ETICO Y ESTÉTICO QUE NOS HACE VERDADEROS

Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad. (Simón Bolívar)

El ethos que busca, el ethos que ama, el ethos que cuida, el ethos que se responsabiliza, el ethos que se solidariza, el ethos que se compadece y el el ethos que integra, son el resultado de un ethos para la vida y desde la vida (Boff, Leonardo 2003) hace del mundo, un lugar para la belleza como producto de la bondad y la verdad contenida en la misma realidad humana y que la madre naturaleza la muestra en abundancia y riqueza para enseñarnos a ver el mundo como el jardín donde podemos cultivar para si y para otros. Pero cuando olvidamos esto, nos hacemos ignorantes y débiles frente a todo y todos.

5. APERTURA Y AMPLITUD DE MIRADAS PARA INTEGRAR

“Tengo la certeza de que ahora sí llegó la hora de nuestros pueblos, y cuando digo ahora, estoy pensando en este siglo XXI, el siglo de nuestra redención, nuestra unidad, nuestra independencia plena como Región, como pueblo grande, como Patria Grande”. (Hugo Chávez Frías)

Interculturalidad, pruriculturalidad y multiculturalidad son conceptos que apuntan que somos uno en la diversidad. El respeto y valoración hacia lo nuestro permite el respeto y valoración a la cultura de otros, sus modos de sentir y pensar la vida. Pero en esa culturalidad nadie es más ni menos, existe una interdependencia. Nadie puede pretender imponer a otro sus visiones, sus valores, sus intereses y expectativas.

6. RELIGARNOS DESDE LO QUE NOS UNE: LA MADRE TIERRA

Una casa hay en alquiler / Donde el dueño no cobra renta

Sin embargo nadie lamenta / De su mal uso por doquier / Que insensatos han de cometer.

Es nuestra pachamama bondadosa / Gea o Gaia en honor a viva diosa

Aire, agua y energía nos regala / Y a sus afrentas, de perdón hace gala / Devolviendo por

cada insulto, una rosa. (Por el suelo – Manu Chao)

 

Oda al Aire de Pablo Neruda

Yo soy el poeta
hijo de pobres,
hermano carnal
de los pobres, de todos,
de mi patria y de las otras,
de los pobres que viven junto al río,
y de los que en la altura
de la vertical cordillera
pican piedra,
clavan tablas,
cosen ropa,
cortan leña,
muelen tierra,
y por eso
yo quiero que respiren,
tú eres lo único que tienen,
por eso eres transparente,
para que vean
lo que vendrá mañana,
por eso existes, aire.

Vamos juntos
bailando por el mundo,
derribando las flores
del manzano,
entrando en las ventanas,
silbando juntos,
silbando
melodías
de ayer y de mañana.

Déjate respirar,
no te encadenes,
no te fíes de nadie
que venga en automóvil
a examinarte,
déjalos, ríete de ellos,
vuélales el sombrero,
no aceptes sus proposiciones,
ya vendrá un día
en que libertaremos
la luz y el agua,
la tierra, el hombre,
y todo para todos
será, como tú eres.

De eso se trata que la humanidad (hombre y mujer) seamos una, en el respeto, amor y cuidado a la madre tierra, frente a los atropellos de aquellos que la maltratan y la depredan. Un relato nos contó una falsa historia que la humanidad fue desalogada del paraíso o jardín como forma de castigo por desobediente y rebelde. Cuando esta falsa interpretación fue aceptada como verdad, el miedo, la culpa y la vergüenza se instauró en el corazón de los humanos. Quienes lo inventaron, fueron los primeros en manipular y mentir para desarraigarnos de la madre tierra y así mantenernos controlados, pasivos, ignorantes, desconfiados unos de los otros y  justificar entonces la maldad, la violencia y la muerte como sistema-mundo que mantiene la propiedad privada y la riqueza para pocos, pretendiendo despojar a los hijos y a las hijas su sentido de religarse a la madre tierra y al padre cielo y por tanto hacer del encuentro con sus hermanos y hermanas una experiencia amorosa y verdadera. Pero no lo lograron, hoy ha despertado en el Sur de los pueblos, la conciencia de lo que somos: hijos e hijas de la tierra y el cielo, y por tanto religados en un sentir como hermanos y hermanas.

7. OBEDECER DESDE LA CONCIENCIA AMOROSA Y VERDADERA

Felices los liberados del miedo y del odio porque verán la bondad, la verdad y la belleza en medio del mundo

Mandar obedeciendo desde la conciencia amorosa y verdadera expresada por los desechados del mercado, por los pobres que todos rechazan y que son olvidados hasta por aquellos que lo fueron, por los marginados de las grandes ciudades que deambulan las calles y no responden a los códigos de la urbe moderna y se mantienen humanos pese a todo, por los perseguidos porque dicen la verdad que nadie quiere escuchar, por lo que sueñan un mundo de justicia y paz, por los compasivos frente a aquellos desahuciados y víctimas de los procesos deshumanizantes. Sí de los que se encuentran en la otra acera de la historia, esos que cuando hablan no son escuchados, y peor aún son malentendidos porque son ellos los únicos que comprenderán y ayudaran al otro porque saben la necesidad de ser hermanos y hermanas porque somos hijos de la madre tierra y del padre cielo. Porque conocen la experiencia de la precariedad en un mundo que no ama pero que promociona la materialidad como su dios y olvida que la espiritualidad es la fuerza amorosa hecha conciencia.

Solo cuando nos despojemos de nuestras máscaras, de nuestros miedos, de nuestras vergüenzas y culpas que nos llevan a deshumanizarnos y deshumanizar podemos ver aquello que realmente somos semilla para un cambio epocal que permita de una vez por todas la revolución de lo humano. Y esta ha comenzado en el Sur de la madre tierra, desde abajo donde viven los pueblos que han sobrevivido pese a las amenazas, invasiones y saqueos constantes de las élites del norte.

http://www.aporrea.org/actualidad/a202810.html

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